Author
Gastón Monge EnLíneaDIRECTA

Date
4 Sep 2019(19:51:16)


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-Comerciantes esperan un buen año, ya que los anteriores fueron malos, se quejan.

Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Basilia Martínez Zapata tiene 86 años de edad, y de ellos 63 los ha dedicado a viajar de feria en feria por todo el país, vendiendo ricos antojitos mexicanos que se esmera porque siempre tengan el mismo sabor de siempre, como cuando tenía 20 y acompañaba a su padre en esas travesías en donde dejó casi toda su vida.

Ahora viaja acompañada por una amiga y por un hijo que no la deja sola en ninguna parte, y así, mientras platica sentada luego de armar su puesto en la Expomex de esta ciudad, le platica al reportero como era antes el ambiente en estas Ferias, y cómo es ahora, un día antes de que sea inaugurada la Expomex 2019.

“Ahora no hay mucha gente porque todo está muy caro y la gente ya no compra, además de que la entrada está muy cara, pero vengo desde El Mante desde que inició aquí esta feria, y vengo porque esto es mi vida, y ando en la feria en las buenas y en las malas”, señala con melancolía al recordar los mejores tiempos en que esta Feria era la mejor de Tamaulipas y de otras regiones.

---¿Y a qué Ferias ha ido?

---“Huuu mijo…¿a cuáles no he ido? He estado en las Ferias de Sinaloa, Hermosillo, Tamaulipas, Coahuila y muchas, pero ahora ninguna de esas ferias es la mejor, porque todas son malas, ya no hay dinero y la gente solo entra pero no consume ni compra”, señala, aunque dice que no va a la de Aguascalientes, tal vez la mejor de todas.

Desde que viene a Nuevo Laredo dice Basilia que ha ido de más a menos, pero lo peor inició hace tres años, y a su juicio es porque la gente no tiene dinero y se preocupa más por atender sus necesidades que divertirse.

Pero la mejor de las ferias a las que acude es la de Hermosillo, Sonora, porque en ese lugar hay mucha limpieza, mucho personal trabajando y no se les cobra el agua, ni el servicio, “porque nos da todo y la gente abusa, aunque el cobro por entrar es poco, y aquí debería cobrar cuando menos 20 pesos para que la gente pueda divertirse, pero es muy cara y no se divierten”, refiere

El ‘Gritón’’

Diego López es trabajador de uno de los puestos, y a pesar de faltar poco para la inauguración, le echa ganas en armar el puesto en el que estará presente los 17 días de este evento en la ciudad, y mientras lo arma dice que desde hace 14 años viene a la ciudad.

Es conocido como ‘El Gritón’, porque es a gritos como vende sus productos de alfarería, cerámica y las famosas cobijas que tanto le gustan a la gente que acude a veces solo para escucharlo y ver como vende de rápido su mercancía.

“Yo no soy el mero gritón pero también grito”, menciona con gracia luego de señalar al mero mero de los gritones en las ferias, quien a corta distancia observa la entrevista.

Su quejó de que cada año esta Feria se desluce y que es cada vez menos la gente que acude, lo que a su juicio no sabe a qué se deba, pero señala que por eso le echa ganas en vender la cerámica y el barro, productos que son muy apreciados en esta frontera.

Empero, dice que lo mejor de la Feria es cuando termina, ya que toda la semana siguiente se queda para abaratar un poco sus productos, y porque la gente ingresa al lugar sin pagar por la entrada, y es cuando aprovechan para comprar.

La cerámica es de Dolores Hidalgo, en Guanajuato, aunque el barro es de Pueblo y de Michoacán,. Razones por las que le gusta el negocio, por lo que ya son muchas las ferias a las que acude, pero la mejor de todas, dice que es la de León, Guanajuato, por ser la más grande y la mejor organizada, “y vengo porque hay que ir a todas las ferias”, expresa a manera de justificación.

Pero no es el único ‘gritón’, ya que vienen de Puebla, de Chiapas, de Veracruz y de Michoacán, contratados por el propietario del puesto, quien los lleva a todas las ferias del país.

Dulces regionales

A esta Feria como en cualquier otra no pueden faltar los tradicionales dulces de frutas y de azúcar, como los ates y los camotitos, las sabrosas cajetas de leche quemada, el riquísimo rompope, el alfajor de coco, las banderitas de coco, las famosas morelianas, las calabacitas de azúcar, la biznaga de caramelo, el rico chilacayote embadurnado de dulce, y los tradicionales vinos de frutas.

Todo esto lo vende Héctor Ramos Rodríguez desde hace 32 años, y aunque siempre le va bien por ser sus productos muy bien aceptados entre la gente de esta ciudad, los mejores años fueron desde hace 10 años y más, cuando fue suspendida la feria por la inseguridad que se apoderó de la ciudad.

“Fueron años muy críticos, pero apenas volvió a levantar, pero nunca como antes era, y espero que nos vaya bien y confió que así será porque vengo desde Morelia a esta feria”, explica.

El éxito de don Héctor ese debe a que casi siempre conserva los mismos precios que el año anterior, y porque cada año introduce un nuevo dulce, pero le preocupa lo que ocurre en la mayoría de las ferias a las que acude, que ya no hay tanta gente porque el dinero no alcanza y porque todo está muy caro.

Son 10 las ferias a alas que acude cada año, pero en las de León y Morelia le va muy bien, aunque dice que la de Nuevo Laredo para él es la tercera mejor, porque también le va bien con la venta de sus dulces, “pero ya no hay buenas ferias, todas son casi iguales, pero ahí la llevamos porque es nuestro trabajo”.

Dice que una Feria debe tener buenos espectáculos para atracción de la gente, que no sea muy caro ni la entrada ni los juegos.

El eychibi

Como en todas las Ferias del país, no podía faltar la tiendita de barrio en donde se encuentra de todo, como las que hay en las populosas colonias de las grandes ciudades, y ahí, justo frente al negocio de los ‘gritones’ se ubica esta tiendita, bien surtidita y conocida por la gente como el ‘eychibi’.

María Paras Rodríguez es la propietaria de este peculiar negocio que instala desde hace 35 años en esta Feria. Es oriunda de Río Verde, San Luis Potosí, y cada año viene solo a la Feria de Nuevo Laredo, no va a ninguna otra porque dice que le va bien y porque la gente le compra porque los precios son más baratos que en el resto de los negocios, y porque encuentra todo lo que puede tener una tiendita de este tipo.

Pero asegura que el año pasado fue su mejor año porque tuvo más ventas que en años anteriores, ya que buscan lo clásico en un evento de este tipo, como son los refrescos, las frituras y el pan, productos populares que sirven para comer en el interior del lugar y no gastar demasiado.

“Damos un poquito más caro que en la calle porque tenemos que pagar derechos de piso al ayuntamiento, pero la gente nos busca porque no quieren salir a una tienda de la calle, y espero que venga mucha gente para que me puedan comprar más”, señala con gracia, mientras su hijo Ernesto observa muy atento lo que dice su progenitora, y coincide en todo lo que menciona al reportero.

Faltan dos días y aunque la llovizna arrecia a momentos, decenas de trabajadores trabajar rápido en la instalación de los respectivos puestos de venta, y mientras lo hacen, otros duermen ‘la mona’, luego de haber trabajado toda la noche instalando sus negocios.

Cerca de ellos un grupo de soldados realiza rondines por toda el área, y observan de manera muy atenta el movimiento de todos y cada uno de los puesteros, como parte de sus labores de vigilancia y de protección.

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